Expectativas y realidades

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Muchas veces necesitas una persona para cubrir un determinado rol en tu equipo. Ya puede ser que quieras delegar una responsabilidad o que se cree una vacante y pretendas cubrirla internamente. En estos casos yo personalmente suelo fijarme en la gente de mi equipo e intentar adivinar como se van a comportar en ese rol. ¿Tienen la materia prima que hay que tener? ¿Darán la talla? ¿Se adaptarán bien al nuevo trabajo?

En ocasiones lo tengo muy claro y estoy 100% seguro que son la persona indicada.En otras no tanto, pero veo que hay opciones. Vamos, que en algunos casos tengo una expectativa elevada y en otros mi expectativa es que haga bien unas cosas y otras no, e intentaré ayudarle en aquellas cosas que no haga bien.

Doy el paso y, sorpresa. Algunos cumplen expectativas, otros no llegan y otros las superan. Parece una lotería. Aquel que pensabas que comería el mundo en la nueva responsabilidad, ves que no acaba de cumplir. Se ata a sus antiguas responsabilidades, ves que no acaba de comprender lo que tiene que hacer, en resumen, ves que no llega a donde esperabas. Otros en cambio, te sorprenden y ves que cogen el toro por los cuernos y desarrollan unas habilidades que nunca hubieses imaginado. ¿Por qué pasa esto? ¿Seré tan malo evaluando a mi equipo?

Miro un caso, en el que tengo una persona en la que veo esa chispita. Así que lo pongo a prueba: a liderar una reunión, con gente de negocio. A ver que tal se desenvuelve. Desastre total: desordenado, sin capacidad para expresar o hablar en lenguaje de negocio, trasmitiendo duda o inseguridad. Pensé, me equivoqué. No ha superado esa prueba. Pero la vida sigue, y más adelante decido darle una responsabilidad, no sé muy bien por qué. Supongo que algo dentro me decía que sí que había materia prima de la buena allí dentro. El caso es que se salió. En muy poco tiempo cogió las riendas, tenía el tema controlado. Y lo de hablar con negocio, habrá sido un mal día, o esa vez no se encontraría a gusto, porque a partir de ese momento demostró que era capaz de hablar con negocio, sincronizarse con él y hablar su mismo idioma. Resumiendo, me equivoqué dos veces con él. Por suerte, dos equivocaciones se anulan y dan un acierto!.

Por otro lado, miro a los demás y veo las decisiones que toman cuando ponen a uno o a otro en una posición. Y los veo equivocarse muchas veces. A veces ponen a alguien y me dicen abiertamente que es temporal, porque no tienen a otro, y de pronto esa persona resulta ser la mejor elección. Y otras veces llega lo que parece que será el mesías salvador, y es un fiasco de cuidado. Recuerdo el caso de la contratación de una persona de mucha responsabilidad y casi todo el mundo que me hablaba me decía que duraría dos días. Sinceramente, yo sí que veía que era la persona para ese puesto. Veía defectos, pero sí que me parecía una elección acertada. Ahora, el resto de la gente opinaba diferente. Oía expresiones como que era una inútil, que no sabían a quien había engañado, y frases similares. A los dos meses esa mujer tenía demostrado por que había sido elegida y todo el mundo la reconocía como tal. Ya nadie hablaba mal de ella y todos hablaban de la sorpresa que les había dado. Así que creo que es algo que le pasa a todo el mundo. ¿Me estaré consolando? ¿Tapo mi defecto con el de otros?

Bueno, en cualquier caso sí que quiero pensar que cuando hago este tipo de ejercicios estoy intentando adivinar el futuro con mi bola mágica. Veo un programador con ilusión y proactividad y ya me imagino que será un buen coordinador. Y luego ves otro calladito que te pide la alternativa… y cuando se la das, BUM! aparece un pedazo de profesional. Una esponja de aprender una nueva forma de trabajar. Estaba intentando adivinar como se iban a comportar en un trabajo que no se parece en nada a lo que hacían. ¿Qué opciones tengo de adivinar cómo se comportarán? Es como querer adivinar como de bueno será un jugado de fútbol viéndolo jugar a baloncesto. Puedes ver que está en forma, pero a lo mejor es un patán con los pies. O ese que está paradito en una esquina y no mete ninguna canasta, cuando le pones el balón en los pies es un verdadero artista.

Resumiendo, creo que tengo que resignarme. Ya sea porque reconozco que me cuesta ver como se comportarán en otro entorno, o porque directamente nadie pueda hacerlo… tengo que asumir que me equivocaré una y otra vez. Así, me tiene que costar menos dar oportunidades, y ser consciente de que me podría equivocar con esa persona.

Sobre el autor

Jose M. Huerta

Jose es Gestor de Proyectos y Gestor de Servicios en Mallorca. Es Ingeniero de Telecomunicaciones y obtuvo el Master of Advanced Studies durante su etapa como investigador. Pero no tardó en abandonar ese mundo y meterse de cabeza en el mundo de las Tecnologías de la Información.
Está certificado como ITIL Expert. Tiene amplia experiencia en gestión de servicios, clásica e integrada con desarrollo, gestión de proyectos, usando metodologías clásicas y ágiles, gestión de programas y portfolios, gestión de grandes grupos de personas, localizadas y off-shore, sin dejar de perder de vista el lado técnico y freak del sector.
Ha trabajado en varias empresas del sector con distintos roles en áreas tanto de gestión de servicios de soporte como de equipos de desarrollo.
Actualmente trabaja en Sunhotels, como responsable del equipo de operaciones TI.

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